lunes, 24 de noviembre de 2014

Fecha de Noticia: 23/11/2014

Cierre de Dioxitek en Córdoba acelera plan nuclear en Formosa

Por Armando Rivarola

El jueves 6 de noviembre a las 20:30 se produjo una explosión en una pequeña fábrica química de detergentes en el barrio Alta Córdoba de la capital de la provincia argentina del mismo nombre. El estallido se escuchó a más de 10 kilómetros de distancia, pero una insospechada onda expansiva aún retumba mucho más allá, impacta fuertemente en Buenos Aires, trasciende las fronteras y llega a Paraguay.



Foto Cortesia de Abc, Color

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“¡Explotó la Atómica, explotó la Atómica!”, exclamaron en primera instancia los aterrorizados vecinos.

Lo que popularmente llaman la “Atómica” es la planta Dioxitek, donde se produce dióxido de uranio para alimentar las centrales nucleares argentinas, ubicada a pocas cuadras del accidente, en plena zona urbana.

Afortunadamente, no fue Dioxitek la que explotó, porque en ese caso probablemente estaríamos hablando de una tragedia de enormes proporciones. Sin embargo, el hecho precipitó su cierre definitivo, que se venía postergando desde hacía años.

La Municipalidad de Córdoba, a cargo del abogado radical Ramón Javier Mestre, tenía acordado con el gobierno de Cristina Kirchner y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA, dueña del 99% del capital accionario) el traslado de la planta, pero ello nunca ocurría ni se mostraban señales concretas en esa dirección, más allá de las reiteradas promesas del poderoso ministro de Planificación, Julio de Vido.

Nadie, excepto Formosa

Al menos desde 2012 se venían extendiendo sucesivamente los plazos para el cumplimiento del acuerdo, en parte porque ningún municipio ni provincia aceptaba el emplazamiento en su territorio… hasta que apareció Formosa, gobernada de manera unipersonal desde hace casi veinte años por el caudillo descendiente de paraguayos Gildo Insfrán.

El incidente del 6 de noviembre en Raponi Industrial Química SRL, como se denomina el taller accidentado, cambió el curso de los acontecimientos.

La Municipalidad decidió no otorgar una nueva prórroga y proceder a la clausura de Dioxitek el 10 de noviembre pasado, a primera hora del lunes siguiente a la explosión, en virtud de la ordenanza 8.133.

Irreversible

José Fernández, secretario de Control y Fiscalización de la Comuna, quien estuvo al frente del operativo, en conversación con este enviado especial, aseguró que el cierre es irreversible.

Dijo que ya se había cumplido el último plazo establecido y que se habían dado seis meses más por pedido expreso de la CNEA y de los directivos de la planta, presidida por Gustavo Navarro, pese a lo cual “no hubo de su parte muestras de que existía una real voluntad de traslado”.

El hecho es que la fábrica ya lleva dos semanas sin funcionar, lo cual, según afirman algunos, pone en serios problemas la operación de las centrales nucleares Atucha I, en la provincia de Buenos Aires, y Embalse, en la propia provincia de Córdoba, que dependen del material proveído por Dioxitek, un uranio levemente enriquecido cuyo procesamiento se termina para combustible atómico en la planta de Conuar SA, una empresa mixta ubicada en Ezeiza.

Además, aseguran que la clausura compromete el desarrollo de todo el programa nuclear argentino para generación de energía eléctrica, que en este momento está en etapa de puesta en capacidad plena de dos reactores más, el Atucha II y el Carem 25, ambos en el partido bonaerense de Zárate, y con planes de construir varios otros, incluido uno de 150 MW de potencia justamente en Formosa.

Otras voces, en cambio, afirman que todo ello no es más que una infundada bravata de las autoridades para respaldar intereses creados. El Prof. Dr. Raúl Montenegro, por ejemplo, un biólogo cordobés que preside la Fundación para la Defensa del Ambiente, premio Nobel Alternativo 2004, que hace casi treinta años activa en contra de Dioxitek y del programa nuclear, señala que todo el uranio usado actualmente en Argentina es importado y que el cierre de la planta no acarreará las supuestas consecuencias que se esgrimen. Y si eso ocurriera, agrega, no haría más que confirmar que todo el sistema, que él tilda de “faraónico y económicamente inviable”, es lisa y llanamente un gran fiasco.

Paraguay

Pero en lo que respecta específicamente a Paraguay, la cuestión es que la clausura de Dioxitek en Córdoba muy probablemente acelerará su instalación muy cerca de nuestra frontera, al otro lado del río, en las afueras de Formosa capital, en un sitio llamado barrio Namqom, habitado por indígenas de esa parcialidad (o simplemente Qom, más conocidos aquí como tobas), a 20 kilómetros de Alberdi y unos 90 de Pilar.

Si la Dioxitek cordobesa tiene una capacidad nominal de 120 toneladas de dióxido de uranio al año, la que planean instalar en Formosa sería dos o tres veces más grande, con capacidad de 350 toneladas, según unas fuentes, y de 450, según otras, lo que potencialmente implicaría también una duplicación o triplicación del riesgo.

Argentina solo ha dado explicaciones parciales a Paraguay, según se admite en un informe de la Secretaría del Ambiente, y alega –con la anuencia de algunas autoridades paraguayas– que nuestro país no puede vetar el emprendimiento por tratarse solamente “de una planta química”, argumento cuestionable, como veremos.

Plan nuclear

Más allá de eso, queda claro que la eventual instalación de Dioxitek en Formosa no puede verse como un hecho aislado, sino como parte de un plan mucho más amplio de desarrollo nuclear en esa provincia limítrofe, con la construcción del reactor Carem 150 como proyecto concreto.

Julio de Vido declaró hace un mes que Argentina invertirá 31.500 millones de dólares en su programa nuclear en los próximos diez años y ha insistido en que Formosa no puede dejar pasar la oportunidad de impulsar un “polo industrial y tecnológico”, en tanto que su aliado Gildo Insfrán ya inició una campaña de propaganda oficial para convencer a los formoseños de que el uranio es inocuo y que todos se beneficiarán con empleo y desarrollo.

Sea que se trate de verdaderas y factibles intenciones o que sean simples jugadas para ejecutar obras y dejar elefantes blancos a un año de las elecciones generales, de ninguna manera Paraguay puede consentir que todo esto se maquine y se realice a sus espaldas y al margen de sus legítimos intereses y su seguridad.

Por lo pronto, se requiere toda la información que se pueda recavar. Con esa idea fuimos a Córdoba, todavía sacudida por la impactante explosión de Raponi y la no menos explosiva clausura de Dioxitek. Procuramos escuchar de primera mano los distintos puntos de vista, conversamos con vecinos, activistas, técnicos, colegas, obtuvimos datos, impresiones, conclusiones que iremos exponiendo en los días subsiguientes. Una vez más Gildo Insfrán se excusó de atendernos para hablar sobre este tema, pero seguiremos insistiendo.

Noticia Extraida de Abc, Color

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